lira: (Stock: Me and the others)
[personal profile] lira
A veces pienso que si todos los seres humanos tuvieran secretamente algún poder, el mío sería el de no encajar, el de hacer sentir incómodos a los demás con mi mera existencia.

Si me mantengo alejada del resto, los incomodo, y me miran por sobre sus hombros mientras los observo desde mi escondite.

Si intento integrarme y dejar de alejarme, los incomodo. Mi presencia se vuelve algo así como "ah, sí, y está ella ahí también, no hay que olvidarse". La gente intenta ser amable y apoyar mis patéticos intentos de integración, pero es incómodo. Todo respecto a mi es incómodo. Mis dibujos son incómodos, mis comentarios son incómodos. Mi existencia es incómoda.

Es como ser el niño negro y pobre en un colegio de rubios católicos adinerados. Nadie quiere ser la mala persona y de plano rechazarme, porque se vería feo, porque quieren ser buenos, así que todos me dejan jugar con ellos. Pero secretamente sólo quieren que pierda pronto y me vaya a ocuparme de mis propios asuntos.

No te quiero en mi círculo de amigos.

No te quiero en mi familia.

No te quiero en mi fandom.

No te quiero en mi planeta.

Y cuando les hablo todos fuerzan sonrisas y me nombran a veces para no olvidarse que existo, hasta que me aburro y me voy a otra parte, y entonces la incomodidad pasa y ya no se sienten obligados a jugar a ser buenas personas conmigo.

A llamarme una vez al año.

A dejarme un mensaje o un mail por ahí para que recuerde que aún me quieren y somos amigos.

A dejarme participar de sus juegos cuando se me ocurre pedirlo.

Soy incómoda. Mi color es raro. Mi esencia es alienígena, extranjera, lejana, no lo bastante fea como para tener una buena excusa en la que escudar el rechazo, pero es de otra especie, es rara, incomoda.

Así que a veces me resigno y dejo de intentarlo.

Cuando era más niña era también más ruda y dura. Me importaba menos. Me decía que el resto eran estúpidos e inferiores, y pasaba de ellos no como un animalito rechazado sino como el monstruo altanero y orgulloso que a veces aún alego ser.

Pero era más fácil ser fuerte, porque estaba llena de sueños y esperanzas. Porque pensaba que un día dejaría de estar sola y encontraría más gente de mi especie, gente que no se sentiría incómoda conmigo.

Mi especie... nunca apareció. Apareció uno una vez, y lo perdí. Lo maté. Lo incomodé tanto que se murió.

Y ya no quedan más sueños que me mantengan caminando. Tuve que asumir que estoy sola, y que si quiero vivir tengo que hacerlo con esa realidad. Con mi carga de incomodidad a cuestas. Sabiendo que cada vez que dejo un lugar y me muevo al siguiente dejo alivio detrás.

Nómade incómoda, gitana emocional.

Quedan pocas ventanas y puertas abiertas a estas alturas. Casi ninguna. Y pronto las habré cerrado todas.

2017

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